Palabras

“Hoy he hecho lo que hacía tiempo deseaba hacer, para recordar los nombres de nuevo. Los nombres tal y como tú los pronunciabas. Aquellas palabras extrañas a mis oídos, que luego supe de sus significados: alma, verdad… Y al pronunciarlas se acerca el recuerdo de tu voz, tu forma de decir las cosas. Tengo que admitir que al principio me sentía nerviosa por dentro, intentando decir las cosas de la forma más natural posible. Se que algo o alguien me ayuda a mantenerme serena, pero si diera rienda suelta a mis emociones, me verías llorar. Cuando me escuches sabrás por qué digo las cosas que digo, por qué me paro en las pausas, el significado de los silencios y de las palabras, las que nos unen en el laberinto de un recuerdo incomprensible. Dirás que es casualidad. Dirás que se trata de alguien muy parecido a mí. Dudarás y no podrás admitir que vuelven los ecos de aquellas tardes caminadas con lentitud, de aquellas conversaciones herméticas, y de aquellos ojos mantenidos en los míos durante largos, eternos segundos.

Hay algo que echo de menos en todo esto. Sería la esencia viviente de todo cuanto pasó. Me gustaría habérmelo llevado conmigo, tenerlo aquí, ahora, darle el aliento del agua cada tarde, o al anochecer. Y al hacerlo, ver el mar, y la luna, y, más allá… verte a ti. Sería como tener algo que ambos acariciamos, aquella planta de nombre exótico, adquirida para celebrar que cuidabas de mí. Aquellas piedras incrustadas, que ahora me recuerdan el pasado de un pasado. Tú y tus manías. Tú y tus sonrisas. Tú y tus altibajos. Tú estarías ahora en este balcón frente al mar que me trae tu mar, tendrías la ocasión de beber de mi mano, mientras yo besaría esas hojas que nunca se marchitaban. ¿Dónde estará ahora? ¿Qué manos la cuidarán? ¿Estará fresca? ¿O marchita? ¿Qué sonrisas la acariciarán?

No importa. Nada importa cuando el amor ha sido tan grande. Nada sucumbe al fastidio. Nada impide que los deseos se realicen. Ambos sabemos que la imaginación es poderosa, que se cruza en nuestros sueños, en nuestra respiración. Aquel único detalle viviente se convierte en la flor que acaba de germinar, la que me traerá pétalos al alba, de colores de arco iris, y se convertirá en aquello que ambos acariciamos, y que tú pusiste en un rincón y yo miré a mi alrededor para cerciorarme de que, ciertamente, tus manías significaban que, irremediablemente, te habías propuesto hacerme feliz.”

Imagen: Beata Szpura

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