Por  calles  de ecos precisos, de nombres antiguos, preciosos…
Como los preciosos colores del alba, del atardecer…
Nazarita, donde la sabiduría se quedó, viviente, más allá del tiempo,
bajo nuestros pasos, reverberando voces y olvidos…

Tú caminabas lentamente junto a mí,
me diste tu mano, mulliste tu brazo en el mío,
uniste tu hombro al mío, caminaste hasta fijar tus ojos sobre el suelo,
junto a mí.

Y tu voz, feliz por siempre, halagada en aquel espacio,
donde gentes observaban en silencio tu original forma de decir: Soy Feliz.

Tú, sabio de las artes, de las ciencias, del pasado, sorprendidos tus ojos en los míos,
aquella eterna primera vez.

Tú, enigma de muchos, desconcertante, pero sencillo como un niño en realidad:
meticuloso, celoso, temeroso de perder esa felicidad compartida.

Tan grande fue el descubrimiento que no lo pudimos soportar.
Tan grande la luz, que nos cegó.
Tan real que no lo podíamos creer.

Imperecedero Amor, silencios que hablan, ojos que duermen en los ojos del Amado, descanso en el Amor. Me dijiste que “todo lo sabías acerca de nosotros”, que “lo sabías todo”
y luego, las gentes me decían que mis ojos reflejaban a quien bien me amaba.

Tú, docto miedoso, cuántas veces te ví sufrir.

(No quiero ni pensarlo)

Cuántas veces, al llegar a casa, cerraba la puerta y mis lágrimas me hacían compañia,
lágrimas que te hubiese gustado compartir.

Tú, el que sabía lo que tenía, y temía perderlo.

Sé que ambos escribimos los mismos versos,
inaudita coincidencia,
esclarecedora verdad.

Y así, tú te meciste en el Amor Cegador,
nos llenamos de dolor,
sin saber por qué.

Me ves en mil lugares, en tus momentos de soledad.
Te siento en mis pensamientos, en mis dulces noches,

Y escucho tu llamada,
Y comprendo tus éxitos.
Son los nuestros, llenos de enigmas,
llenos de palabras sin pronunciar.

El miedo sucumbió
Y mi fervor se tranquilizó….

Pero sé que buscas lo que busco yo,
Lo que perdimos, al ganar la gran complicidad
de nuestros recuerdos.

Ahora no hay que ofrecer una rosa, como antes,
sinó un bosque frondoso, de hadas y duendes y espíritus protectores.

No hay que ofrecer ahora un beso,
sinó caricias que nunca terminen.

No hay que dar un tiempo,
sino la Eternidad.

Y así sé que buscas mi nombre en el tuyo.

Lo que ocurrió fue un don Divino
que ni tú ni yo podíamos esperar.
Más, ocurrió; tus manos temblaron,
tus ojos lloraron,
ante la imposibilidad de decir
abiertamente,
lo que tu corazón gritaba por los pasillos
de nuestras vidas.

No te olvido, protector,
pero intento olvidar
tu sentido del control,
tus berrinches sin venir a cuento,
tus enfados por que sí.

El miedo que tenías a perderme
hizo que saliese yo una mañana gris
por aquella puerta,
la que antes me había dado la vida.

Tú, entre líneas escritas,
escribes mi nombre,
en tus dedicatorias
delicadamente escribes
la inicial misteriosa.

Mientras las gentes se preguntan
el porqué de tus puertas cerradas,
de tus silencios,
mientras tus cabellos se van tornando más blancos.

Mientras, el fruto de tanta imposibilidad
se transformó en éxito mundano.

Y por ello, te felicito.
Hasta pronto, Sabio Maestro.

Imagen: East of Sun and West of Moon
La Bella Durmiente-Cupido y Psique

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