Presagio

Sé que me llamarás a gritos, a pesar de ser únicamente yo quien pueda escucharte. En el horizonte las aguas izarán sus manos, como para atraer a esta pobre alma al sino doloroso de una corta vida. Sé que, a pesar de todo, llegaré hasta tí, que mi mano se soltará de quien me ama, sin que se de cuenta; que andaré hasta no saber porqué lo hago, cuando ya sea tarde para reflexionar.
Sé que, cuando tu mano me robe la posibilidad de volver, cuando me engulla el destierro precipitado, mi alma dejará de soñar
para contemplar
el hilo suave que, como amarra de barco, me arrastrará hacia arriba,
aunque yo apenas me de cuenta.
Sé que una mano invisible empujará este cuerpo hacia el aire, con la fuerza y rapidez de una madre al salvar al niño
del peligro inexorable.
Al sentir esa mano, desaparecerás.
Y una mano diferente ocupará tu lugar, perdida entre rocas de suave sal, mirando y buscando
alguna huella en el mar.
Sé que cambiará mi mundo, o que el mundo me cambiará.
Y la vida será la muerte, y la muerte la vida,
y no temeré los designios que la razón desconoce,
y que tanto tienen de felicidad.

Evocación – recuerdo de una experiencia cercana a la muerte

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