Pegada a Tí

Estoy pegada a tí como el azúcar quemado, azúcar quieto, caliente, sobre natillas frías. Tan pegada a tí como el verde se pega al azul (¿o es al revés?)
Me miro en tu espejo, a hurtadillas, para que te veas completo, antes que la brocha por tu barba se pierda.

Las seis de la mañana. Sigo pegada a tí. Preparando la ruta diaria, el metro, el autobús, el coche no sale hoy, el coche es mío hoy. Pegada a tí, te digo por lo bajo “que hace mucho frío, mucho, mucho”, y me envuelvo en tu chaqueta y en tu bufanda y en tus risas, shhhhh, que es temprano; y te sigo hasta la puerta, mientras te das prisa. Pero te irías quedando. Cuéntame el cuento de… Ahora sí te vas a toda prisa, y mientras voy a la cocina porque olvidé desayunar, me pongo a cavilar, pegada a tí en mis pensamientos. ¡Debo ser un asco! ¿A quién se le ocurre incordiar así?

La tarde avanza, en un país donde los niños son adultos y los adultos niños. Y cuando vuelves por la acera, una ráfaga de indescriptible serenidad lo envuelve todo. Las ruedas del cielo giran todas sus rostros hacia aquí, una acera quejumbrosa, con más hoyos que estrellas. Ya no estoy pegada a tí, sinó unida a tí. Ya no es hora de jugar, es hora de amar en serio.
Como los niños hacen
en este país.

Imagen:  © Roy McMahon/CORBIS

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Presagio

Sé que me llamarás a gritos, a pesar de ser únicamente yo quien pueda escucharte. En el horizonte las aguas izarán sus manos, como para atraer a esta pobre alma al sino doloroso de una corta vida. Sé que, a pesar de todo, llegaré hasta tí, que mi mano se soltará de quien me ama, sin que se de cuenta; que andaré hasta no saber porqué lo hago, cuando ya sea tarde para reflexionar.
Sé que, cuando tu mano me robe la posibilidad de volver, cuando me engulla el destierro precipitado, mi alma dejará de soñar
para contemplar
el hilo suave que, como amarra de barco, me arrastrará hacia arriba,
aunque yo apenas me de cuenta.
Sé que una mano invisible empujará este cuerpo hacia el aire, con la fuerza y rapidez de una madre al salvar al niño
del peligro inexorable.
Al sentir esa mano, desaparecerás.
Y una mano diferente ocupará tu lugar, perdida entre rocas de suave sal, mirando y buscando
alguna huella en el mar.
Sé que cambiará mi mundo, o que el mundo me cambiará.
Y la vida será la muerte, y la muerte la vida,
y no temeré los designios que la razón desconoce,
y que tanto tienen de felicidad.

Evocación – recuerdo de una experiencia cercana a la muerte

Por  calles  de ecos precisos, de nombres antiguos, preciosos…
Como los preciosos colores del alba, del atardecer…
Nazarita, donde la sabiduría se quedó, viviente, más allá del tiempo,
bajo nuestros pasos, reverberando voces y olvidos…

Tú caminabas lentamente junto a mí,
me diste tu mano, mulliste tu brazo en el mío,
uniste tu hombro al mío, caminaste hasta fijar tus ojos sobre el suelo,
junto a mí.

Y tu voz, feliz por siempre, halagada en aquel espacio,
donde gentes observaban en silencio tu original forma de decir: Soy Feliz.

Tú, sabio de las artes, de las ciencias, del pasado, sorprendidos tus ojos en los míos,
aquella eterna primera vez.

Tú, enigma de muchos, desconcertante, pero sencillo como un niño en realidad:
meticuloso, celoso, temeroso de perder esa felicidad compartida.

Tan grande fue el descubrimiento que no lo pudimos soportar.
Tan grande la luz, que nos cegó.
Tan real que no lo podíamos creer.

Imperecedero Amor, silencios que hablan, ojos que duermen en los ojos del Amado, descanso en el Amor. Me dijiste que “todo lo sabías acerca de nosotros”, que “lo sabías todo”
y luego, las gentes me decían que mis ojos reflejaban a quien bien me amaba.

Tú, docto miedoso, cuántas veces te ví sufrir.

(No quiero ni pensarlo)

Cuántas veces, al llegar a casa, cerraba la puerta y mis lágrimas me hacían compañia,
lágrimas que te hubiese gustado compartir.

Tú, el que sabía lo que tenía, y temía perderlo.

Sé que ambos escribimos los mismos versos,
inaudita coincidencia,
esclarecedora verdad.

Y así, tú te meciste en el Amor Cegador,
nos llenamos de dolor,
sin saber por qué.

Me ves en mil lugares, en tus momentos de soledad.
Te siento en mis pensamientos, en mis dulces noches,

Y escucho tu llamada,
Y comprendo tus éxitos.
Son los nuestros, llenos de enigmas,
llenos de palabras sin pronunciar.

El miedo sucumbió
Y mi fervor se tranquilizó….

Pero sé que buscas lo que busco yo,
Lo que perdimos, al ganar la gran complicidad
de nuestros recuerdos.

Ahora no hay que ofrecer una rosa, como antes,
sinó un bosque frondoso, de hadas y duendes y espíritus protectores.

No hay que ofrecer ahora un beso,
sinó caricias que nunca terminen.

No hay que dar un tiempo,
sino la Eternidad.

Y así sé que buscas mi nombre en el tuyo.

Lo que ocurrió fue un don Divino
que ni tú ni yo podíamos esperar.
Más, ocurrió; tus manos temblaron,
tus ojos lloraron,
ante la imposibilidad de decir
abiertamente,
lo que tu corazón gritaba por los pasillos
de nuestras vidas.

No te olvido, protector,
pero intento olvidar
tu sentido del control,
tus berrinches sin venir a cuento,
tus enfados por que sí.

El miedo que tenías a perderme
hizo que saliese yo una mañana gris
por aquella puerta,
la que antes me había dado la vida.

Tú, entre líneas escritas,
escribes mi nombre,
en tus dedicatorias
delicadamente escribes
la inicial misteriosa.

Mientras las gentes se preguntan
el porqué de tus puertas cerradas,
de tus silencios,
mientras tus cabellos se van tornando más blancos.

Mientras, el fruto de tanta imposibilidad
se transformó en éxito mundano.

Y por ello, te felicito.
Hasta pronto, Sabio Maestro.

Imagen: East of Sun and West of Moon
La Bella Durmiente-Cupido y Psique

Siempre a la espera …

Tú…
Me lleno de ti cuando te veo, te siento, te quiero…
Tú, tú me traes,
y me llevas al azul del firmamento…
Tu, y solo tú…,
a tus brazos yo me entrego, con deseo…

…Cuando me marcho, tú,
tú vienes conmigo, con mi recuerdo…

No te preocupe si algún día
no puedes estar o contestar,
que igual te quiero,
que igual te sueño,
que igual te anhelo,
que yo seguiré aquí,
esperando tu regreso.

A la vera de este río de Amor que a ti te lleva…,
y te trae hasta mis brazos en espera…

A la espera de tu cuerpo, de tu risa, de tus besos…,
que aquí esperaré
hasta que la lluvia de tu ausencia cese
y deje de calar mi vida entera…

…No temas, yo seguiré aquí,
siempre a la espera…

© 2014 J. I. Salmerón
Imagen extraída de Siempre a la espera

PLUMA Y LUZ

Palabras

“Hoy he hecho lo que hacía tiempo deseaba hacer, para recordar los nombres de nuevo. Los nombres tal y como tú los pronunciabas. Aquellas palabras extrañas a mis oídos, que luego supe de sus significados: alma, verdad… Y al pronunciarlas se acerca el recuerdo de tu voz, tu forma de decir las cosas. Tengo que admitir que al principio me sentía nerviosa por dentro, intentando decir las cosas de la forma más natural posible. Se que algo o alguien me ayuda a mantenerme serena, pero si diera rienda suelta a mis emociones, me verías llorar. Cuando me escuches sabrás por qué digo las cosas que digo, por qué me paro en las pausas, el significado de los silencios y de las palabras, las que nos unen en el laberinto de un recuerdo incomprensible. Dirás que es casualidad. Dirás que se trata de alguien muy parecido a mí. Dudarás y no podrás admitir que vuelven los ecos de aquellas tardes caminadas con lentitud, de aquellas conversaciones herméticas, y de aquellos ojos mantenidos en los míos durante largos, eternos segundos.

Hay algo que echo de menos en todo esto. Sería la esencia viviente de todo cuanto pasó. Me gustaría habérmelo llevado conmigo, tenerlo aquí, ahora, darle el aliento del agua cada tarde, o al anochecer. Y al hacerlo, ver el mar, y la luna, y, más allá… verte a ti. Sería como tener algo que ambos acariciamos, aquella planta de nombre exótico, adquirida para celebrar que cuidabas de mí. Aquellas piedras incrustadas, que ahora me recuerdan el pasado de un pasado. Tú y tus manías. Tú y tus sonrisas. Tú y tus altibajos. Tú estarías ahora en este balcón frente al mar que me trae tu mar, tendrías la ocasión de beber de mi mano, mientras yo besaría esas hojas que nunca se marchitaban. ¿Dónde estará ahora? ¿Qué manos la cuidarán? ¿Estará fresca? ¿O marchita? ¿Qué sonrisas la acariciarán?

No importa. Nada importa cuando el amor ha sido tan grande. Nada sucumbe al fastidio. Nada impide que los deseos se realicen. Ambos sabemos que la imaginación es poderosa, que se cruza en nuestros sueños, en nuestra respiración. Aquel único detalle viviente se convierte en la flor que acaba de germinar, la que me traerá pétalos al alba, de colores de arco iris, y se convertirá en aquello que ambos acariciamos, y que tú pusiste en un rincón y yo miré a mi alrededor para cerciorarme de que, ciertamente, tus manías significaban que, irremediablemente, te habías propuesto hacerme feliz.”

Imagen: Beata Szpura

A Ti

“Me dejaste beber la copa de vino,

sin darte cuenta, o quizás sabías bien

lo que hacías aquella tarde sorpresiva.

Me enseñaste a amar lo imposible,

me enseñaste a no dudar de mí misma.

No sabría decir cuál es el balance

de todo aquello, después del tiempo.

Pero se que todavía mis labios te mencionan,

y te veo plasmado en aquel personaje

que un día descubrí

y viví,

como si fuera aquella tarde,

o aquella mañana,

con tus ojos serios,

quizá tristes,

no lo sé,

enfadados,

eso sí lo sé;

pero, ¿qué se escondía tras ellos?

El trabalenguas de mi alma no lo supo descifrar,

y dejo que el tiempo procure

que tú tampoco puedas descifrar los tuyos.

Aunque algo me dice que estabas convencido,

pero temeroso,

temeroso y apasionado.

Y aquello fue una rendición, y un adiós.

Sin embargo, te siento presente,

siempre te siento presente.

Sé dónde estás, lo que haces, lo que te ocurre,

desde lejos llego a tu recóndita alma,

y te llamo, sin pérdida de cordura,

para decirte que sé quién eres

y quien soy yo,

este par de humanos incapaces de hablar

lo que el alma, temerosa, intenta proteger,

mientras el amor divino es tan fácil de expresar

y sentir.

Me enseñaste a amar lo imposible.

Me enseñaste a decirte adiós.”

Imagen: Los Enamorados,-escena galante- Jean-Marc Nattier

Sentir

 

Vienen

las heladas a mi mente,

la pasión por los cedros

almibarados de escarcha,

las últimas frases, tan cálidas,

a la luz del fuego.

Vienen los astros,

fríos, estáticos,

mientras la nieve cae

resbalando por las ventanas.

Y las risas, al mirarlas,

dan calor a las almas,

llegando sus ecos

a esta misma nostalgia,

donde el cielo abrasador

me trae un frío dentro,

como si estuviera dormida,

por siempre,

en mis recuerdos.

(Publicado el 7-8-2005)
Imagen: Sunday Afternoon – Steve Hanks